martes, enero 17, 2012

Pensando en tus olas

Si leés esto -y se que lo hacés-, sabé que yo también estuve pensando en vos estos días -si, también; hay una conexión inquebrantable que nos cuenta aún hoy el sentir del otro-, y que por algo te encontrás ahora leyendo esto. Sabé que me siento raro al no verte caminar a mi lado, al no ser yo quien completa la belleza de tu voz con la armonía de mis cuerdas. Sabés, cada vez que la voz se te quiebra, que no desaparecí de la faz de la tierra, así como yo se que son tuyas las palabras que escucho durante mis noches en vela. Veo en las olas tu saludo, tu susurro en el viento que empujan las alas, tu mirada en el agua, y en las frutas tu dulzura. Pero todo esto ya lo sabés, y no es lo que quiero decirte. Lo que quiero decirte no necesito decirlo, ya lo sabés: yo estoy escribiendo esto tanto como vos estás leyéndolo; el por qué es nuestro mensaje al otro. El odio y la indiferencia son débiles, inexistentes ante esta fuerza que mueve el cosmos: yo sigo escribiendo lo que vos seguís leyendo. No voy a llamar, ni escribir directo porque te respeto, pero no puedo dejar de llamarte desde mi pecho, ni de escuchar cuando la que llama sos vos. Si estoy escribiendo, es porque se que estás leyendo, es porque se que hace tiempo ya que nos pensamos en silencio... es porque unas fotos no llegan a llenarme el alma.

viernes, noviembre 25, 2011

Esmeralda bajo la luna

Desnuda te meces entre mis brazos bajo una luna coronada de estrellas, desnudo nuestro lecho improvisado en la cima de mis dominios. Tu pelo nocturno y ser de esmeralda en rostro de niña obnubilada por las gerberas, tu interior ardiente me envuelve y me empapas con tu deseo. El viejo ritmo del instinto da a luz a nuestro canto: oda ancestral a la virtud de los placeres, sinfonía de risas y susurros ofrecida a las hadas noctámbulas por vos y yo, por el uno que formamos en nuestra unión. La noche se ruboriza ante tus gestos de mujer completa en aquel rostro de niña, insinuando el pronto arribo de quien rige en las horas de vigilia. La ciudad se despereza y te marchas, dejando olvidada una hoja de plata bajo mi almohada.

martes, noviembre 22, 2011

Camino con un Sol

El morro moja sus pies en la espuma del océano, sobre su empeine de arena blanca descansa un Sol: piel de pétalos y bronce, esencia de amapolas, sus cabellos como una hiedra serpenteante me atrapan y mis ojos se encuentran con la tinta al bajar por su espalda. Brilla y descansa ante mi, la observo desde el morro y el morro también observa: sus piernas me atraviesan, su música acaricia en suave brisa, mi mente dibuja sus pechos bajo mi lengua... el mar celebra su brillar en continua reverencia y ella brilla y descansa. Al bajar del morro me ve, su rostro se enfrenta al mío, húmedas perlas me saludan desde su sonreír. El beso sabe a cachaça fresca, a sal marina y abacaxí. Su mano en mi pecho enciende mi luz, y juntos brillamos siguiendo el camino que el morro y el mar observan.

martes, octubre 04, 2011

Pa los pibes

Camino la calle Montparnasse, la de Fito, de punta a punta, lo cual, a decir verdad, no requiere de mucho esfuerzo ya que solo consta de dos cuadras no muy extensas; no vi viejas ni negros, solo una simple calle con la editorial Larrousse y una suerte de edificio de departamentos destinados a artistas, sobre un museo. Al final de la calle asoma el pequenho bodegon que decido visitar en busca de una birra. Tengo una razon para brindar: el nombre de la calle, la cancion, encienden en mi cabeza el recuerdo de los pibes, de la mansion, de esa musica que sabe a nostalgia sonando a toda hora. Pido la birra en un frances menos que mediocre, elijo una mesa junto a la ventana desde donde se ve el nombre de la calle, y brindo conmigo por los muchachos, por mis hermanos de la vida, por tantos otros brindis pasados, y por todos los que vendran. Lejos, de este lado del agua, disfruto de lo que vivo, agradeciendo a la memoria el poder comprartir dentro mio lo que la geografia no permite.

Soy


El otoño adorna el Jardín de Luxemburgo con sus tonos ocre, haciendo brillar aquí y allá los vivos colores de las flores sobrevivientes al fin de un verano tardío. Logro reconocer a mi lado el cantar de la cadencia brasilera en la conversación de mis vecinos. La brisa y el continuo sonar de la fuente transmiten una paz imposible de corromper. Las estatuas observan anonadadas a los transeuntes que, escondidos tras el lente de una cámara, se olvidan de observar. Pienso en mi regreso, en mi gente, y en el cercano comienzo de la continuación de mi travesía. Pienso en las diversas imagenes grabadas en mi retina, en el amor compartido con mis hermanos caminantes, en mi ilegalidad, en la falta de sueño y la abundancia de sueños y realidades. Pienso, siento, vibro al compas de mi vida, y soy.

jueves, diciembre 16, 2010

Cinismo in the pendiente

Yo: el claro problema es que a Mauri no lo dejan gestionar, Amigo,
eso hay que entenderlo bien claro;
por eso no pudo hacer NI UNA SOLA vivienda!!
o te creés que es porque no quiere?
si tiene un corazón enorme!
está claro, que la perra ésta del gobierno nacional no lo deja gestionar.


Amigo: si pudiera gestionar estarian todos muertos y no habria ningun problema

Yo: muertos o deportados, es lo mismo,
mientras no estén acá ocupandole el espacio público a los vecinos...
que desfachatez, habrase visto!
vecinos que no pueden ir a jugar a la pelota porque se les llena el campito de bolivianos y peruanos, drogadictos y delincuentes.
esto cuando estaba el presidente videla no pasaba, eh!
te aseguro que no pasaba!
enseguidita se reestablecía el orden de las cosas, y al que no le gustara se podía ir del país,
como hicieron todos esos subversivos que querían hacerce con el poder a la fuerza,
matando inocentes, poniendo bombas en los cuarteles, escribiendo porquerías en sus inmundos libros...
habrase visto, que desfachatez!


Pelotudos abstenerse

viernes, enero 15, 2010

Para una mariposa

Justo ahí, parado sobre aquella alfombra azul, me encontraba matando a mis miedos. Pensándolo mejor, y siendo la justicia uno de mis valores predilectos, debo admitir que no era yo quién mataba esos miedos, sino aquella mirada profunda que, en conjunción con una sonrisa etérea, incansable, empapada de vida, formaban el conjuro preciso para aniquilar cada temblor que intentase anteponerse a mi intención. Siempre creí saber mirar, y creo hoy saber que ese mirar fue desde un comienzo mi mejor aliado. Insisto en que me corrijas si no es así, mariposa. Mariposa que viniste a posarte en mi nariz, justo frente a mis ojos, sin dejarme otra posibilidad que mirarte, dando vida a ese implacable deseo.
Parado en esa alfombra azul, entonces, ese hermoso ser mataba mis miedos. Uno a uno iba cortando los hilos de esta marioneta que nuevamente se animaba a bailar sin guión alguno. Unos tontos reclamos, parte de un juego que ambos jugábamos demasiado bien, lograban convertirme en el convidado a la cena de esa noche en su casa. Los dos hablábamos de lo mismo, aunque las dudas que lograban ocultarse de sus ojos no quisieran creerlo. Recuerdo mirarla no sabiendo como interponerme en su camino para que no quedara lugar para otra cosa que el resultado del mutuo deseo. En medio de ese dudar me encontré con sus labios. Poco a poco fuimos dando espacio a una lluvia de ropas que decorara el piso de la cocina. No las necesitábamos, la ropa no está hecha para vos y yo, como si lo están la noche y las estrellas, mi mariposa. Sentirte, tu calor; sentirla, su piel, sus alas. A la ausencia de ropas le sucedió el desenfreno, dos cuerpos destinados a una reciprocidad innegable. Las gotas de placer en su espalda hacían de su piel algo aún más exquisito. Una mariposa observaba mi expresión que, llena de un precioso delirio, y colmando mis ansias, dejaba al descubierto el anhelo de transportarla más allá de donde mis manos puedan llegar algún día. Recuerdo bien a mis manos enajenandola, escucho en mi cabeza su respirar tan lleno de placer. Veo aún sus manos aferrándose al mármol y sus ojos cerrándose antes de estallar. Veo todavía esa loca sonrisa contagiándome y entregándome a mi hada...
Aún cuando allí no termina la noche, debo ahora terminar este relato que solo intenta contar un poco sobre aquel día en que comenzaba a empaparme de una mariposa llena de vida. Mi mariposa. Mi compañera.