Pensando en tus olas
Si leés esto -y se que lo hacés-, sabé que yo también estuve pensando en vos estos días -si, también; hay una conexión inquebrantable que nos cuenta aún hoy el sentir del otro-, y que por algo te encontrás ahora leyendo esto. Sabé que me siento raro al no verte caminar a mi lado, al no ser yo quien completa la belleza de tu voz con la armonía de mis cuerdas. Sabés, cada vez que la voz se te quiebra, que no desaparecí de la faz de la tierra, así como yo se que son tuyas las palabras que escucho durante mis noches en vela. Veo en las olas tu saludo, tu susurro en el viento que empujan las alas, tu mirada en el agua, y en las frutas tu dulzura. Pero todo esto ya lo sabés, y no es lo que quiero decirte. Lo que quiero decirte no necesito decirlo, ya lo sabés: yo estoy escribiendo esto tanto como vos estás leyéndolo; el por qué es nuestro mensaje al otro. El odio y la indiferencia son débiles, inexistentes ante esta fuerza que mueve el cosmos: yo sigo escribiendo lo que vos seguís leyendo. No voy a llamar, ni escribir directo porque te respeto, pero no puedo dejar de llamarte desde mi pecho, ni de escuchar cuando la que llama sos vos. Si estoy escribiendo, es porque se que estás leyendo, es porque se que hace tiempo ya que nos pensamos en silencio... es porque unas fotos no llegan a llenarme el alma.
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