miércoles, noviembre 08, 2006

Debida pausa

Dos velas todavía prendidas iluminan la habitación desde mi mesa de luz. De fondo una viola blusera que me hace acordar tanto al dude deja paso a un saxo tan grandioso como sutil. Camila acomoda una de las tiritas de su solera en su hombro y le sonríe al, para ella, viejo de 19 que tiene enfrente. Lo acompaña hasta la barra y lo ve pedir un trago inteligentemente elegido para llamar la atención. El pibe también está aprendiendo. Se cruzan un par de miradas y Camila ya está mordiéndole los labios, mientras sus dedos juegan por donde todavía no deben. El flaco se deja llevar, recién está entrando en la etapa de ser consciente... solo 19 pirulos. La flaquita elige un modo de empezar la parte de la gente grande, como le dice ella. El pibe la frena y vuelve a la mesa. Camila se acerca y lo mira confundida. El flaco aguanta, la mira, la quiere, aguanta... No es un envejecedor, entiende.


Baja un tipo del bondi, jean y camisa. Una flaquita lo mira desde la esquina, lo reconoce. "Jugar a ser grandes y pedir tragos complicados" le dice al oido después de acercarse. Cami creció, entendió. El flaco la mira con ganas, pero se contiene. Mira a la mesa de luz y ve dos velas que apagar. El botoncito naranja espera que lo llame. Se acabó la música. Au revoir.